El Green New Deal (GND) –nuevo pacto verde en español-  es un conjunto de medidas económicas y políticas que buscan favorecer una transformación del modelo de producción de energía con objeto de promover la justicia social y ambiental.

La transición que demanda el Green New Deal (GND) no se refiere simplemente a la energía, sino que busca preservar la biodiversidad y restaurar los recursos naturales, en un proyecto generacional único. Junto al concepto de GND, existen varios términos que también fomentan modificaciones en las estrategias de producción en el modelo económico actual: capitalismo verde, crecimiento verde, tecnologías verdes o limpias, resiliencia verde, transformación y revolución verdes (Combes, 2010; Death, 2015). Esta acepción se inspira en el programa de estímulos estatales instaurado en Estados Unidos en 1930 y se basa en los ideales del economista John Maynard Keynes. El economista de principios del siglo XX se opuso a los principios liberales que apoyaban un mercado autorregulado y pidió la intervención del Estado en la esfera económica, en particular mediante la inversión en infraestructura en beneficio de la sociedad en su conjunto. El GND añade a estos elementos de recuperación económica la necesidad de una transición energética; se trata entonces de hacer que la economía sea menos destructiva asegurándose de que el sector financiero ya no esté en el centro del modelo económico vigente (Custers, 2009). En ese sentido, en los términos de De Souza Porto (2011), se pretende la consecución de una justicia ambiental, partiendo entonces de la concepción de que no basta con hacer la transición, sino que hay que tener en cuenta que los efectos de la degradación ambiental difieren según la clase, la raza, el género e incluso la ubicación geográfica.

En tal sentido, la puesta en marcha de un proyecto de tal envergadura, sobre todo dentro de un modelo neoliberal, da lugar a varias controversias. Autores como Enkins (1993) sostienen que habría importantes limitaciones demográficas, energéticas y económicas que impedirían una transición ordenada a este tipo de modelo económico respetuoso con el medio ambiente. Así pues, si bien algunos sostienen que es conveniente lograr un desarrollo económico más ecológico y sostenible, existen ciertas limitaciones ecológicas que no pueden resolverse con un mero discurso. A pesar de ello, autores como Hallegate (2009) y Hoffman (2010) han reiterado repetidamente que, a pesar de las limitaciones económicas existentes, es necesario realizar modelos económicos de transición a la luz de la actual crisis climática.

Debido a sus intereses transnacionales, así como a su necesidad de penetrar en el discurso político, el GND es un proyecto que no es ajeno al estudio de la economía política internacional. El concepto se estudia dentro del espectro de tres perspectivas dominantes de la disciplina. En ese sentido, este ha sido abordado, al menos, desde las tres perspectivas dominantes de la disciplina. En primer lugar, el liberalismo observa que los problemas medioambientales son el resultado de un funcionamiento inadecuado de los mercados y de los marcos normativos insuficientes. Por tanto, la solución radicaría en algunas reformas institucionales (Haas, Keohane y Levy, 1993). En segundo lugar, el realismo sugiere que el medio ambiente es un problema porque supone una amenaza para la seguridad nacional y los conflictos que potencialmente podría generar (Homer-Dixon, 1991). Por último, según el marxismo, el modelo de producción actual es insostenible debido a las contradicciones intrínsecas del capitalismo.  Estas consisten en un deseo de expansión económica constante en un mundo de recursos limitados, lo que produce fallas en el proceso de producción globalizada (Sandler, 1994). Sin embargo, varios autores, desde diversos enfoques, ya han puesto de relieve el hecho de que no se han abordado estas complicadas cuestiones de manera integral. Desde la crisis del 2008 han surgido nuevos enfoques que consideran que los análisis que solo observan las lógicas nacionales resultan insuficientes para comprender un fenómeno que necesita de una gobernanza global y regional (Newell, 2012).

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Es así como entonces el enfoque de economía política internacional pudo trascender el debate economicista del GND (que solo se centraba en los límites o las posibilidades económicas de su adopción), el debate político (que únicamente observaba la necesidad de articular el discurso medioambiental en las esferas de poder) y el sesgo estatista que impedía pensar en las posibilidades de gobernanza internacional, los efectos transnacionales del daño medioambiental y la influencia que podían tener actores no-estatales en la adopción de políticas tendientes a la transformación de los modos de producción.

Un ejemplo de esto es el proyecto de ley propuesto por el Partido Demócrata de los Estados Unidos y presidido por la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, que demuestra cómo un análisis de la economía política internacional puede añadir rigor al estudio del GND. El tema es un problema político, en la medida en que implica una lucha de poder dentro de la arena política americana, considerando que existe un amplio rechazo del Partido Republicano. También es un problema económico, ya que varios expertos se han alarmado por los costos económicos de su aplicación. De hecho, estos ascenderían a unos 2.500 millones de dólares de inversión al año (Ezrati, 2018).

No obstante, la posición geopolítica de los Estados Unidos en el mundo y su posición industrial predominante han llevado a la internacionalización de esta cuestión nacional, así como a debates profundos sobre los efectos que la GND podría tener en el sistema internacional si el proyecto tiene éxito. También se plantea la cuestión de si la decisión individual de los Estados Unidos podría ponerlos en desventaja frente a rivales políticos y económicos como China, que se niega, aunque de momento a distancia, a hacer una transición ecológica del mismo tipo. Este proyecto de ley también demuestra el impacto de la crisis financiera de 2008, combinando el aumento de la intervención estatal en la esfera económica con una transición, aunque todavía ambigua, a un nuevo orden internacional.

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Referencias

Combes, M. (2010). Réflexions sur le capitalisme vert. Mouvements, 63(3), 99-110.

De Souza Porto, M. F. (2011). Complexidade, processos de vulnerabilização e justiça ambiental: um ensaio de epistemologia política. Revista crítica de ciências sociais, (93), 31-58.

Death, C. (2015). Four discourses of the green economy in the global South. Third World Quarterly 36(12): 2207–2224.

Ekins, P. (1993). ‘Limits to growth’ and ‘sustainable development’: grappling with ecological realities. Ecological Economics, 8(3), 269–288.

Ezrati, M. (2019). The green new deal and the cost of virtue. Forbes. https://www.forbes.com/sites/miltonezrati/2019/02/19/the-green-new-deal-and-the-cost-of-virtue/#259ed30b3dec

Hallegatte, S. (2009). Strategies to adapt to an uncertain climate change. Global Environmental Change, 19(2), 240–247.

Hoffmann, U. (2010). Promoting Poles of Clean Growth to Foster the Transition to a More Sustainable Economy. UNCTAD Trade and Environment Review. Geneva: United Nations.

Homer-Dixon, T. (1991). On the Threshold: Environmental Changes as Causes of Acute Conflict. International Security, 16(2), 76-116.

Haas, P., Keohane, R., & Levy, M. (Eds.). (1993). Institutions for the earth: sources of effective international environmental protection. Cambridge (MA): MIT Press.

Newell, P. (2012). Globalization and the Environment: Capitalism, Ecology and Power. Cambridge: Polity.

Sandler, B. (1994). Grow or Die: Marxist Theories of Capitalism and the Environment. Rethinking Marxism, 7(2), 38–57.


Aubry Alexandre

Maria-Léticia Antonino Madrid

Reynell Badillo Sarmiento

María Paula Ballesteros Paipilla

Andrés Tellez

Hervé Tschanz

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Publié en 2021

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